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En un sistema de refrigeración por absorción se sustituye el compresor mecánico por una compresión físico-química, que no es más que un proceso de absorción y desorción. En él, gracias a la mezcla del amoniaco con el agua en diferentes concentraciones, se consigue modificar la presión de vapor del refrigerante, haciendo que se produzca la evaporación y la condensación en las condiciones deseadas.

Los módulos de absorción son adecuados cuando se dispone de una fuente continua de calor, aprovechando el calor sobrante típico de un proceso industrial para abastecer las diferentes necesidades frigoríficas. De esta manera, las máquinas de absorción apenas requieren energía eléctrica para su funcionamiento. Esto supone un menor coste de operación, siendo además la opción más respetuosa con el medio ambiente.

Estos sistemas de absorción pueden trabajar con temperaturas de evaporación negativas de hasta -30ºC (-22ºF), con lo que se puede satisfacer una gran parte de las demandas frigoríficas. Los sistemas de absorción se emplean, por ejemplo, en sistemas de generación y acumulación de hielo, en cámaras de congelados o en túneles de congelación entre otras aplicaciones industriales.

La tecnología APINA de máquinas de absorción también puede ser utilizada para trabajar a altas temperaturas de condensación propias de los climas cálidos, donde se ha de refrigerar el sistema con aire al no ser posible el empleo de los sistemas evaporativos.

Los sistemas de refrigeración por absorción de tipo amoniaco-agua constituyen uno de los avances tecnológicos más llamativos de APINA, que ha conseguido minimizar su tamaño y su carga de refrigerante desarrollando un módulo compacto totalmente construido en fábrica y de fácil instalación.

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